Lo primero fue al ver que sus tetazas, tamaño sandías en pleno apogeo estacional, habían encogido. O eso, o se trata de un efecto acuático el cuál nos ha dado el susto de nuestras vidas. Subiendo un poco más la vista hemos visto que Katy, como buena guiri que es, son de las muchas que se meten en la piscina con gafas de sol y pendientes largos. Pero aún hay más.
Siguiendo con el resto de nuestro recorrido ocular nos hemos dado cuenta de algo aún peor. ¿Qué le ha pasado en el pelo? ¿Quién le ha aconsejado que se lo pinte del mismo color que las cañerías de mi bloque? Sea quién sea, esa persona no se merece la vida.
Queremos a nuestra Katy de siempre. Con sus pechugas bien puestas y su melena morena. ¿O no?



